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Cuentos de la India.

Las historias de Yogi Bhajan no solo deleitan al niño interior que todos llevamos dentro, sino que también despiertan la conciencia y nos invitan a la reflexión.

Las historias de Yogi Bhajan no solo deleitan al niño interior que todos llevamos dentro, sino que también despiertan la conciencia y nos invitan a la reflexión.

Había una vez un hombre llamado Rama y su esposa Sunia, quienes vivían en una pequeña aldea en la India. Aunque no eran ricos, siempre parecían tener lo necesario para vivir en paz y felicidad.

Un día, mientras Rama reparaba el techo de su casa, vio a lo lejos un grupo de personas acercándose a su aldea. Se emocionó al reconocerlos: ¡eran sus parientes de tierras lejanas!

“¡Sunia, Sunia, sube rápido! ¡Vienen mis parientes a visitarnos!”

Sunia, al escuchar la noticia, se preocupó de inmediato:

“¿Tendré que alimentarlos y buscarles cobijas y ropa de cama? ¡No tengo suficiente harina ni vegetales!”
“¿Cómo los atenderemos?”

Sin embargo, cuando bajó a la cocina, encontró un saco de harina, una gran canasta de vegetales y varias ollas de comida ya preparada. Sorprendida, corrió a preguntarle a su vecino sobre el origen de estos regalos.

“Tu tía pasó por aquí y dejó todo esto. Hubo una fiesta a la que no asistieron y sobraron muchos alimentos. Ella quiso dejártelos como obsequio.”

Sunia suspiró aliviada: no tendría que cocinar esa noche y, aun así, todos disfrutarían de una cena abundante.


La Codicia de Sunia

Cuando los invitados llegaron, Sunia los alimentó bien. Sin embargo, al ver la cantidad de comida que se consumía en una sola comida, sintió codicia:

“Si estos huéspedes se marcharan pronto, podríamos disfrutar de esta comida durante muchos días.”

Así que comenzó a hacerles comentarios incómodos con la intención de que se sintieran incómodos y decidieran irse antes de lo planeado.

A la mañana siguiente, los parientes, sintiéndose poco bienvenidos, decidieron marcharse antes de lo esperado.

Sunia, satisfecha con su estrategia, se despidió de ellos con una sonrisa y fingió preocupación:

“¡Ha sido un placer tenerlos aquí! Espero que vuelvan pronto.”


La Lección

Poco después, la tía de Sunia regresó a su puerta:

“Vine a recoger la mitad de los víveres que dejé aquí. La otra mitad era para nuestros parientes que viven en el otro extremo del pueblo.”

Sunia, sorprendida, entregó de mala gana la mitad de la harina, los vegetales y las sábanas. Al final, todo lo que había acumulado por codicia desapareció. Solo le quedaron platos sucios y una pila de cobijas usadas.

Abrumada por los acontecimientos, Sunia se sentó en su silla y se quedó dormida. En su sueño, vio a un anciano radiante con una larga barba blanca que le habló con amor y compasión:

“Sunia, no necesitas ser codiciosa ni preocuparte tanto por lo que tienes o lo que no tienes. ¿Crees que creé a los seres humanos y me olvidé de alimentarlos?”

Sunia, confundida, respondió:

“Pero… ¿por qué tengo que trabajar todo el tiempo? ¿Por qué debo cocinar?”

A lo que el anciano respondió con serenidad:

“Trabajar es disfrutar la realización del Señor Eterno. Y la vida es disfrutar las bendiciones del Creador.”


Fuente: “72 Historias sobre Dios, el Bien y los Bienes” – Yogi Bhajan.

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