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El boleto de una mujer a la Victoria.

Un hermoso cuento sobre la comunicación. 

El boleto de una mujer a la Victoria. 

Había una mujer que era muy, muy, muy miserable en la vida. A lo largo de toda su vida un evento tras otro habían terminado en tragedia total. Fue con muchos sabios para tratar de ponerle fin a su mala suerte.

Finalmente pensó: “Intentaré por última vez”, y decidió, visitar la casa de un conocido santo.

Cuando fue presentada ante el santo, dijo:

-Señor mío, necesito ayuda.

Ese hombre de Dios la miró y dijo:

- Nadie puede ayudarte.

- ¿Por qué? – ella preguntó.

- Tienes que vivir una vida muy larga y miserable – le contestó-. Ese es tu karma.

- Mi Señor, usted lo ha mirado, lo ha visto. Tengo que vivir una vida larga y tengo que vivir una vida miserable. Lo acepto. Está bien. Pero algo me ha traído a usted. Debe haber alguna esperanza- Estaba usando el arte de la comunicación con él.

- No, no. Viniste, me hiciste una pregunta, miré todo y encontré que no hay siquiera una remota posibilidad. Todo está leído, escrito y sellado- concluyó él.

- Pero eso no detiene su misericordia.

- ¿Qué puedo hacer? Dios lo escribió de esa forma.

- Por favor, busque por todos lados- suplicó ella-. ¿Hay alguien vivo en este planeta que pueda cambiar el destino escrito?

- Sí, el Yogi Mahan, el Mahan Tántrico, Rishi Anand-. Eso es lo que pudo ver.

- Oh, maravilloso hombre, oh, hombre de Dios!, dígame dónde habita.

Así que él miró otra vez y le dio a ella en qué lugar, y cómo conseguir a este rishi. Ella viajó hasta llegar a la presencia del rishi. El rishi la miró y dijo:

- ¿Por qué has venido aquí?

- Sin ningún propósito- ella le contestó.

- Bueno explícamelo- dijo el rishi.

- Lo que me trajo aquí se explicará por sí mismo. No le diré ni una palabra, mi señor, porque no puedo entender lo que he hecho, o cómo pude haber hecho cosa tan ofensiva.

- Bueno, explícamelo- preguntó nuevamente.

- No. Cuando se va con un maestro, no se va a hablar. No he venido ante usted para hablar.

- Bueno, sabes que aquí no hay lugar para que vivas. Vivo en esta cueva. Es un lugar muy frío. Serías muy miserable aquí. Si te quedas, para mañana, casi estarás muerta. Esta es la única oportunidad que tienes para hablarme, y luego deberás regresar al lugar de donde has venido.

- Nunca regresaré. He comprado un boleto sencillo para llegar aquí. Estoy aquí y voy a estar aquí mi señor no tiene nada de qué preocuparse. No se preocupe por mí. Estaré bien, ¿de acuerdo?

Así que él continuó haciendo sus actividades. Y ella salió a recolectar mucha madera. Luego hizo fuego y lo mantuvo vivo toda la noche. Así pasó la primera noche.

A la mañana siguiente vino Rishi Anand, miró por todas partes y no dijo nada. Sólo pasó de largo y fue hacia el río, de donde regreso tarde para seguir con su rutina normal.

Mientras tanto, ella trabajó recolectando madera todo el segundo día. Cuando llegó la noche, otra vez encendió un fuego. Pero como comenzó una muy fuerte tormenta, toda su madera se mojó y el fuego se apagó. Miró a su alrededor y se dio cuenta que sin el fuego iba a estar helada durante la noche. ¡Hasta podía morirse de frío! Realmente era una situación de emergencia. Sabía que tenía que pensar un plan. Todavía estaba seco donde había hecho el fuego, porque era un área más alta y protegida, y estaba aún ligeramente caliente. Así que se trepó dentro del foso, se cubrió con los carbones ligeramente calientes y así pasó otra noche. Se ensució bastante durmiendo ahí, pero al menos no se congeló.

A la siguiente mañana salió a recoger alimentos, ramas y hojas. El Rishi la vio esa tarde y le dijo:

-          ¿Para que estás recolectando todo eso?

-          Mi señor, ayer llovió. Esta noche caerá otra fuerte tempestad.

-          ¿Cómo lo sabes? – preguntó él.

-          Solo supongo que así será.

-          ¿Por qué supones eso?

-          Porque es lo peor que podría pasarme y estoy destinada a ser miserable- respondió ella.

-          ¡NO LO estás!- dijo él.

-          Gracias- agradeció ella.

Porque la ley del Mahan Tántrico su cumple cuando en la polaridad tú te comunicas y el maestro dice: “No estás”, entonces no estás. Así, que en el momento en que el Rishi dijo: “no eres miserable”, ella dijo: “Gracias, no soy”. Y esa noche no hubo tempestad. La madera se secó. Ella tuvo todo el fuego que necesitaba y pudo cocinar toda la comida que había recogido. Se sintió muy satisfecha, en la gloria.

Al siguiente día el rey de esa tierra vino a visitar al Rishi Anand. El Rishi estaba sentado y el rey vino ante él trayéndole presentes. Entonces notó a esa mujer sentada ahí. – Señora ¿Cómo ha sobrevivido viviendo aquí? – preguntó.

-          Con la gracia y bendiciones y oraciones de todos aquellos que aman a Rishi Anand-. Eso es lo que dijo.

El rey era un gran devoto de Rishi Anand. Le dijo a su Gran Visir, su consejero en jefe:

-          Creo que Rishi vive en esa cueva, ¿correcto? Deberíamos erigir un templo aquí, de manera que los discípulos de Rishi estén muy cómodos-. Él dio estas órdenes en secreto.

-          Señor, ¿Cuándo debemos terminarlo?-preguntó el Gran Visir.

-          Mañana a la hora de la oración, el templo deberá estar terminado-. Estas fueron las órdenes del rey. Y así todas las preciosas piedras que se cortaban y usaban especialmente en templos, fueron traídas a este lugar y el templo fue construido durante la noche. En la mañana el rey y sus hombres y esta dama comenzaron a hacer sus oraciones de adoración.

Llegó el Rishi, miró a su alrededor, pero no puso ninguna atención. Él solo pasó de largo, fue al río y empezó a jugar con los peces. Ese era el pasatiempo de Rishi Anand: sentarse en la rivera y lanzar comida a los peces. Los peces venían, saltaban alrededor de él, y algunos hasta saltaban dentro de su mano, de manera que él pudiera jugar con ellos y luego los lanzaba de regreso. Así era como acostumbraba meditar. Los peces estaban tan enamorados de él que todo el tiempo que él se sentaba ahí y los alimentaba, miles de ellos se le acercaban. Sólo Dios sabe de dónde conseguía la comida para alimentar a esos peces o como la creaba, pero eso era lo que hacía todo el día.

En la noche regresó de la rivera para ver que ahí se había terminado el más precioso templo. Miró al rey y dijo:

-          Lo construiste durante la noche.

-          Si, mi señor. Lo construí anoche.

-          Gobernarás mientras este templo tenga todo su encanto alrededor. El día que se acabe será un asunto concluido- . Y diciéndolo, regresó a su cueva.

El rey volteó hacia su consejero y dijo:

-          Aposta gente en este templo permanentemente. Construye caminos. Cuida de todo. Ve que haya siempre más de mil personas aquí- dijo él-. Crea una atmósfera festiva.

Así que el Gran Visir envió un mensaje de que el Rishi Anand había bendecido a una mujer y que cualquiera que viniera y tuviera una audiencia con ella, o siquiera la mirara, o estuviera su dharsan, se le cumpliría todos sus deseos. Y eso creó tal curiosidad sobre ese lugar, que la gente viajaba millas y millas sólo para verlo.

Esta es la historia de cómo alguien cuyo sino era ser tan miserable toda su vida, escapó de su miseria, sólo a través del poder de la comunicación. Una mujer que puede comunicarse no puede ser miserable. Esa es la ley. En su arte de comunicación yace la victoria verdadera. La comunicación no es una herramienta. Es un boleto hacia la victoria.

Fuente: 72 historias sobre Dios, el bien y los bienes. Yogi Bhajan.

 

 

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