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Yoga para la Hipertensión: Ciencia y Evidencia de Investigación

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Un interesante articulo científico sobre estudios que comprueban como las prácticas de respiración lenta, tiene un impacto directo, beneficioso e inmediato sobre el sistema nervioso autonómico y la presión arterial al aumentar la sensibilidad al barorreflejo.

Yoga para la Hipertensión: Ciencia y Evidencia de Investigación
Por Nikhil Ramburn y Sat Bir Singh Khalsa, Ph.D.

La hipertensión es una condición de presión arterial anormalmente elevada la cual puede dañar eventualmente las paredes de las arterias y provocar complicaciones cardiovasculares. En contadas ocasiones, los pacientes pueden presentar síntomas como dolor de cabeza o falta de respiración, pero la hipertensión es un factor de riesgo principal para ataques al corazón, embolias, enfermedad crónica del corazón y de los riñones. A nivel mundial, la hipertensión es una de las causas más importantes detrás de la muerte prematura y es responsable de 7.6 millones de fallecimientos cada año. La hipertensión es un problema mayor de salud con costos anuales directos e indirectos estimados en 76,600 millones de dolares en Estados Unidos. Una dieta rica en sodio aunada a nuestro estilo de vida moderno sedentario y cargado de estrés han contribuido en parte al aumento en la prevalencia de la hipertensión. Por lo tanto, la modificación del estilo de vida, principalmente los cambios a la nutrición y actividad física, se recomiendan frecuentemente a los pacientes con hipertensión, a la par con tratamientos farmacológicos convencionales. Desafortunadamente, la baja adherencia y poca habilidad de estas intervenciones estándares para atacar las causas subyacentes tales como el estrés por estilo de vida hacen que los métodos de tratamiento convencionales tengan una efectividad bastante modesta. Esto es especialmente cierto en el caso de pacientes que no experimentan directamente síntomas incómodos de la enfermedad y por lo tanto tienen menor motivación a llevar a cabo cambios en su estilo de vida.

Dado que los páneles de expertos en hipertensión enfatizan continuamente la importancia de los enfoques no farmacológicos y las modificaciones al estilo de vida, resulta imperativo que identifiquemos estrategias alternativas para reducir eficazmente la presión arterial al mismo tiemo que tratamos con los factores de riesgo subyacentes. Es probable que el yoga demuestre ser una opción viable de tratamiento alternativo ya que toca varios de los factores que contribuyen al desarrollo de la hipertensión, especialmente el estrés por estilo de vida. De hecho, existen varios mecanismos clave que hacen del yoga una terapia potencialmente benéfica para la hipertensión. La práctica del yoga estimula directamente al nervio vago, aumenta la actividad parasimpática y reduce la activación del sistema nervioso simpático; también impacta positivamente la función neuroendócrina y los mecanismos inflamatorios. Estos mecanismos tienen un beneficio crítico para la hipertensión debido a la dominación simpática inducida por estrés sobre el sistema nervioso autonómico.

Se sabe que el pranayama, y específicamente las prácticas de respiración lenta, tiene un impacto directo e inmediato sobre el sistema nervioso autonómico y la presión arterial al aumentar la sensibilidad al barorreflejo. Este hallazgo significativo ha sido caracterizado especialmente bien en los estudios llevados a cabo con elegancia y rigor por Luciano Bernardi, un investigador del pranayama en Italia, que demostraron claramente los efectos pronunciados que la respiración lenta del yoga tienen tanto en la respuesta respiratoria del quimiorreflejo tanto en la respuesta refleja barorreceptiva en sujetos normales así como hipertensos. Desde 2001, concluyó que “la mejora en la sensibilidad barorrefleja puede ser un factor de inhibición del barorreflejo durante la respiración lenta. Una tasa de respiración reducida puede ser beneficiosa en condiciones tales como el malestar crónico del corazón que están asociadas con una activación quimiorrefleja inapropiada.”

Más recientemente, se mostró que el pranayama lento es eficaz para disminuir la presión arterial en un estudio realizado en la India por los investigadores del yoga Bhavanani, Madanmohan, et al., con 29 pacientes con hipertensión o condiciones prehipertensas. Después de tan solo cinco minutos de práctica de Pranava Pranayama, que involucra una inhalación larga y profunda seguida del canto prolongado de AUM (OM), los sujetos de investigación presentaron una reducción significativa en la presión sistólica y el ritmo cardíaco supino, los cuales son indicadores de la función cardiovascular y activación simpática. Además, la inmediatez de los resultados (cinco minutos) indica que la respiración de yoga se puede usar también en intervenciones clínicas agudas en las que la presión arterial necesita bajar tan pronto como sea posible. Estos hallazgos también sugieren que el pranayama debe ser considerada un componente clave en las intervenciones con yoga.

El primer análisis sistemático de la literatura acerca de la eficacia del yoga para la hipertensión se publicó en 2014 e incluía 39 estudios de cohorte, 30 pruebas controladas no aleatorias, 48 pruebas controladas aleatorias y 3 reportes de caso. Las intervenciones de yoga variaban de una semana a 4 años e involucraron un total de 6,693 sujetos. La mayor parte de los estudios reportaron resultados favorables en los que el yoga disminuía eficazmente la presión arterial en poblaciones normales e hipertensas. La investigación del yoga como un tratamiento para la hipertensión tiene una larga historia y, de hecho, la primer prueba aleatoria controlada que se publicó acerca del yoga se enfocaba en hipertensión. En ese estudio pionero llevado a cabo en el Reino Unido en 1975, 37 pacientes hipertensos fueron asignados en forma aleatoria a relajación con yoga, respiración y meditación o bien a relajación simple, dos veces por semana por 60 minutos, a lo largo de 6 semanas. Al final del estudio, el grupo de yoga presentó una disminución de la presión sistólica y diastólica significativamente mayor que la del grupo de control. A pesar de que este estudio presentaba algunas deficiencias metodológicas, era de una calidad aceptable en general. A partir de esa primer prueba, el número de prubas aleatorias controladas que se han publicado en torno a este tema convierten a la hipertensión en una de las áreas de yoga terapia en las que se ha realizado más investigación.

A partir de entonces, estudios más recientes han brindado resultados semejantes, incluyendo un artículo importante publiciado en la Revista de Hipertensión Clínica en 2014. Esta fue la primera prueba aleatoria controlada que mostró los efectos significativos del yoga en comparación con un grupo de control que hacía ejercicio. Se les pedía a los participantes de ambos grupos que asistieran a clases de 55 minutos dos veces por semana a lo largo de 12 semanas, y que llevaran a cabo 3 sesiones semanales de práctica en casa de 20 minutos de duración. El estudio incluyó 84 personas con prehipertensión e hipertensión de fase 1 de entre 21 y 70 años de edad, 90% de ellas mujeres, predominantemente afroamericanas. Los resultados en esta población minoritaria importante indican que el yoga disminuyó la presión arterial mientras que la intervención activa de control (ejercicio no aeróbico) no lo hizo. La presión sistólica y diastólica media disminuyó aproximadamente 5 mm Hg y 4 mm Hg respectivamente, lo cual resulta consistente con los valores reportados por otras pruebas de yoga controladas para la hipertensión, y es similar con otras estrategias no farmacológicas tales como dieta, ejercicio físico y reducción de sal.

Otro estudio riguroso llevado a cabo más recientemente en la Universidad de Pennsylvania por la Dra Debbie Cohen y sus colegas se acaba de publicar en 2016. Esta prueba aleatoria controlada en tres fases asignó 137 pacientes con prehipertensión o hipertensión de fase 1 a uno de tres grupos posibles: una intervención de dieta con un programa de caminata, una práctica regular de yoga dos veces por semana, o una combinación de las dos. Este fue el primer estudio realizado para comparar directamente el yoga con una intervención de dieta. Las tres intervenciones tuvieron un efecto favorable para la disminución de la presión arterial, con una reducción de la presión sistólica significativamente mayor luego de 12 semanas para los grupos de yoga y combinado, en comparación con el grupo de control que solo hacía dieta y caminata. A pesar de que las reducciones en la presión arterial fueron pequeñas, siguen siendo dignas de interés ya que incluso una reducción de 2 mm Hg en la presión sistólica media equivale a una disminución en el riesgo de muerte por enfermedad cardíaca o embolia de 7% y 10% respectivamente, lo cual representa una reducción clínicamente importante en la tasa de mortalidad.

En resumen, los estudios realizados hasta la fecha demuestran la eficacia del yoga, y especialmente del pranayama, para reducir la presión arterial en pacientes hipertensos sin efectos secundarios adversos significativos. La investigación que se realice en el futuro deberá aportar mayores datos acerca de la seguridad y estudiar el problema de la adherencia a la práctica a largo plazo. A pesar de los resultados optimistas de los estudios que ya existen, la Asociación Americana del Corazón (American Heart Association) aún no recomienda al yoga como una intervención no farmacológica debido a la falta de pruebas aleatorias controladas de alta calidad. En vista de la eficacia potencial del yoga para la hipertensión (y su valor añadido al tratar las causas subyacentes y no solo los síntomas) además de la probable efectividad de costo de dichas intervenciones, la necesidad de contar con pruebas aleatorias controladas mayores,de mejor calidad y con seguimiento a largo plazo tiene una importancia crítica. Las investigaciones futuras ampliarán nuestro entendimiento de los mecanismos subyacentes en la acción del yoga sobre la hipertensión y facilitará el desarrollo de intervenciones de yoga aún más eficaces.

 

 

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